2/9/08

LOS DIEZ CHICLES MÁS LOCOS


¿Ud. sabía que hay chicles para transpirar con rico olor, para cepillarse los dientes y hasta para ninjas? Si la respuesta es "no" esta nota es para Ud.
En el ranking de chicles extraños, el puesto número diez lo lleva el "No time". Se trata de un producto con micropartículas que lavan sus dientes mientras mastica para los que no tienen tiempo de cepillarse los dientes. El noveno, en cambio, es el Otoko Kaoru, una goma de mascar que contiene un aceite que cambia el pavoroso olor de su transpiración.El chicle más educado de todos es uno que viene con unos papelillos adentro del envase que sirven para que Ud. ponga ahí el chicle cuando terminó de mascar y no lo ande pegando en cualquier lado como un troglodita. El "Black Black" es el chicle más macho de todos. Para empezar es negro y al parecer de una intensidad mentolada que puede congelarle la úvula.Si Ud. disfruta de estar sobrio pero tener aliento a borracho el chicle de Chardonnay es para Ud. También hay chicles que le dan aliento a rosas y otros que favorecen la reacción muscular y la presión sanguínea. Pero el número uno de todos ellos es el chicle japonés que ¡te hace crecer los pechos! Sí señor, ideal para encargarle un embarque entero a su esposa.



UNA POSE POR DÍA TE DA PAZ Y ALEGRÍA


Ud. no sabrá cómo catalogar este sitio y mucho menos a su protagonista.
El proyecto que encaró Russel Higgs en principio parece muy sencillo. Cada día del año se toma una foto del rostro. Su expresión permanece indolente pero siempre tiene puesto algo distinto. Puede ser un sombrero , una planta , una bolsa , una media , o algo más difícil de catalogar.Imagínese que este voluntarioso señor se somete a ese pintarrajeo cada día de su vida. Por ejemplo durante cada jornada del mes pasado. O del anterior, o del anterior, o del anterior. Y tomando en cuenta que algunas fotos son como ésta, ésta o ésta uno no puede dejar de preguntarse qué estaría haciendo este hombre si no dedicara su energía en cosas así, o así . En fin, mejor no adentrarse en las movedizas arenas de la hipótesis psicológica tomando como punto de partida un señor de más de cuarenta años que se saca fotos con porquerías en la cabeza.


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